El casinocapitalismo ataca de nuevo

CASINOCAPITALISMO

CASINOCAPITALISMO: (O el reino de la economía especulativa sobre la productiva, de la especulación y la corrupción sobre trabajadores, autónomos y pequeña y mediana empresa productiva)
La oligarquía financiera internacional (y la española en particular con un papel destacado de los grandes bancos), no solo no se responsabiliza de la crisis creada, sino que nos da recetas de como operar económicamente. Ya se sabe, la famosa frase de los casinos se muestra más actual que nunca “la Banca siempre gana”. Es el modelo genuinamente PP-CiU, y el PSOE tristemente intenta ser un buen alumno en esta clase

El casinocapitalismo ataca de nuevo

Esta próxima semana comienzan en el Congreso de Washington las audiencias públicas de la comisión de investigación de la crisis financiera al objeto de definir las causas que desembocaron en la actual situación

La Vanguardia
Manel Pérez | 10/01/2010 |

A instancias de Jaime Caruana –viejo conocido de los bancos y cajas españoles, a los que supervisó durante sus dos mandatos en el Banco de España–, el Banco de Pagos Internacionales (BPI), una especie de banco central de los bancos centrales que ahora dirige el español, ha reunido este mismo fin de semana en Basilea –una apacible población suiza sobre el Rin, en la frontera con Francia y Alemania– a los grandes banqueros. Caruana, especialista en el análisis y el control del riesgo de la banca que ya se granjeó durante su etapa en el Banco de España alguna mala palabra de los banqueros españoles a los que imponía cautelas y provisiones que los afectados juzgaban excesivas e innecesarias, cree haber detectado que los recientes y espectaculares beneficios de las entidadesmás relevantes de Londres yNueva York tienen más que ver con un nuevo casino de riesgo y especulación que con el retorno a las prácticas bancarias tradicionales.

Esta próxima semana comienzan en el Congreso de Washington las audiencias públicas de la comisión de investigación de la crisis financiera al objeto de definir las causas que desembocaron en la actual situación.

Se trata de dos nuevos episodios de la batalla entre la élite financiera –muy gráficamente definida como el mundo de la banca de negocios, fondos de inversión y agencias de calificación, que operan desde sus cuarteles generales de los grandes centros económicos mundiales, especialmente Wall Street y la City de Londres– y la clase política y académica –que considera a los primeros los máximos responsables de la gran recesión que padece la economía global–.

Una batalla que se ha recrudecido durante los últimos meses y que por el camino ya ha dejado para las crónicas algunas batallas sonadas, en especial el abandono de la Administración Obama de cualquier intento serio de regulación financiera y las disputas entre los principales gobiernos en las cumbres del G-20.

Es una pugna entre quienes quieren más control sobre las finanzas y los que sucumben a la tentación o tienen interés en que la economía intente seguir funcionado igual que antes de la crisis.

Hablar de un movimiento coordinado para bloquear las medidas de control podría dar pie a acusaciones de maniqueísmo, pero lo cierto es que los grandes protagonistas de los años de euforia financiera actúan al unísono y con una energía desconocida en los últimos tiempos.

Algunos ejemplos. Las agencias de calificación de deuda, rating, que hasta antes de ayer otorgaban sin pestañear su bendición pata negra a las tóxicas hipotecas subprime comercializadas por la banca de negocios, han comenzado a satanizar las emisiones de deuda de los estados, poniendo en serios aprietos a algunos de ellos y arrogándose, frente a los gobiernos acosados por la recesión, el papel de gendarmes de las políticas de recuperación. No se sienten cuestionadas por su pasado poco glorioso, sino respaldadas por sus colegas de la comunidad financiera.

La gran banca de negocios de Nueva York y Londres se ha lanzado asimismo a una gran campaña contra la imposición de impuestos extras sobre sus bonus y amenaza con desertizar las ciudades en las que operan si los gobiernos no se olvidan de esas medidas.

Cuentan con el coro de algunos medios de comunicación anglosajones, que han dejado para la historia magníficas páginas de periodismo económico, pero que, como todo ser humano, en estos tiempos tumultuosos se han dejado llevar por la pulsión de ver la paja en el ojo ajeno antes que la viga en el propio. Incapaces de detectar los problemas de la banca con la que compartían vecindad, pronosticaron el hundimiento de los sistemas bancarios de medio mundo, España incluida,y no advirtieron que el suyo se les caía encima. Ahora secundan los puntos de vista de esos grupos que amenazan con el infierno si no se siguen sus dictados. Mientras el mundo sigue combatiendo la crisis y las empresas sucumben por la falta de financiación, la élite financiera ha vuelto a los beneficios y el reparto de primas descomunales. Su próximo objetivo será más desregulación y el ataque a los programas públicos de estímulo. Su argumento, que las cosas pueden volver a funcionar igual que antes de la crisis. Un mensaje muy peligroso.

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