Estudio de la Fundación 1ro. de Mayo de CCOO: Sujetos y clases sociales

Sujetos y clases sociales

Texto de la web de la Fundación

http://www.1mayo.ccoo.es/nova/NNws_ShwNewDup?codigo=4501&cod_primaria=1171&cod_secundaria=1171

El Estudio 83 recoge el trabajo de Antonio Antón, profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, en el que se analizan los cambios profundos, que se vienen produciendo hay ya varios años, con cierta disociación entre ciudadanía y clase gobernante, gestora de la austeridad. El autor indica que es necesaria una nueva interpretación para ver las dinámicas de fondo del cambio social y político.

Los sujetos sociales nunca se habían ido; aparte del movimiento sindical, ampliamente representativo, existía un extenso tejido asociativo, gran parte de carácter solidario. Las clases sociales tampoco se habían ido. Han sido una referencia clave para interpretar las sociedades desarrolladas en estas últimas décadas. La existencia de las clases medias siempre ha estado presente en el ámbito político y mediático.

No obstante, se habían difuminado, por un lado, los movimientos sociales y la existencia de las clases trabajadoras, con su fragmentación y pasividad, y por otro lado, la de las élites dominantes que aparecían, sobre todo, como la representación de la voluntad popular o las portadoras del interés general. Parecía que el sistema político-electoral era el cauce fundamental y casi exclusivo para expresar las demandas populares.

Sin embargo, desde hace ya varios años, asistimos a un cambio profundo del papel de los sujetos sociales y su impacto sociopolítico (desde el movimiento 15-M, las mareas ciudadanas o la Plataforma contra los desahucios, hasta el movimiento sindical, el feminista, el ecologista o el vecinal), con cierta disociación entre ciudadanía (indignada o crítica) y clase gobernante, gestora de la austeridad. Es necesaria una nueva interpretación para ver las dinámicas de fondo del cambio social y político.

Con la crisis económica y las políticas liberal-conservadoras de la élite gobernante, con el incumplimiento de sus compromisos democráticos y sociales, emerge nuevamente entre la opinión ciudadana la conciencia de la existencia de un grupo de poder, financiero e institucional, que practica una ofensiva regresiva. Se visualiza una clase dominante con un carácter oligárquico, antisocial y autoritario confrontada con los intereses y demandas de la mayoría de la sociedad.

A su vez, se ha generado un nuevo ciclo de la protesta social progresista, una nueva dinámica sociopolítica, tal como explico en el libro Ciudadanía activa. Opciones sociopolíticas frente a la crisis sistémica (ed. Sequitur). Expresa la existencia de una corriente social indignada de carácter democrático. Una ciudadanía activa, basada en capas sociales descontentas y subordinadas, pugna contra la involución social y democrática. Tienen una base social popular, es decir, interclasista de clases medias y trabajadoras, incluyendo sectores precarios y desempleados.

Además, se ha producido una polarización con el poder económico, financiero y gubernamental. En la agenda sociopolítica ha reaparecido un amplio y prolongado conflicto social. Es distinto a los procesos de la etapa anterior. Es la suma y convergencia de movilizaciones y grupos sociales pero, sobre todo, es la superación de cierta fragmentación representativa y expresiva, con una mayor dimensión, duración y polarización sociopolítica. Se va configurando una identificación del adversario común, así como una conciencia emergente de un bloque social alternativo y democrático en defensa de la mayoría social que padece el paro masivo, la austeridad y los recortes sociolaborales y de derechos, con una gestión política regresiva. Son aspectos que aparecen como blanco de las movilizaciones y la deslegitimación del poder financiero e institucional, incluido el europeo.

Se reconfiguran las clases sociales en su dimensión de actores y vuelven al espacio público sujetos sociales con una dinámica de empoderamiento ciudadano frente a los poderosos. Se reafirma una cultura cívica de justicia social, se conforman nuevos y renovados sujetos colectivos con fuerte impacto sociopolítico, con un laborioso proceso, lleno de altibajos y vacilaciones, de conformación de una representación social, unitaria y arraigada en un amplio tejido asociativo. Ha empezado a tener repercusión en el ámbito electoral y la incógnita y la expectativa pública es en qué medida se va a expresar en los próximos procesos electorales, cómo se va a articular su representación política, hasta dónde va a influir en la renovación y reequilibrio entre las izquierdas y en el cambio político e institucional.
El término clase social tiene distintos significados y matices pero vuelve a ser ampliamente utilizado en el ámbito público para definir grandes categorías sociales, con posiciones, intereses y demandas diferenciados. Para las ciencias sociales convencionales, las clases medias y su expresión electoral (centrista) eran un factor de estabilidad económica y política. Las políticas públicas y su legitimidad se definían a partir de sus opiniones, que se consideraban centrales y mayoritarias. Al mismo tiempo, en el periodo anterior se había debilitado la pugna sociopolítica por motivos socioeconómicos o derechos sociolaborales, así como había una menor diferenciación político-cultural entre las clases sociales y sus agentes representativos. La actividad de los llamados ‘nuevos movimientos sociales’ se concentraba en la pugna por el ‘reconocimiento’ de otros derechos y actores, frente a diversas discriminaciones, desligándose de la presión social por la ‘redistribución’, y finalmente, salvo excepciones puntuales (años 2002-2004), disminuía su intensidad y capacidad movilizadoras. La ‘lucha de clases’ (casi) había dejado de existir y, por tanto, las clases sociales como sujetos colectivos se difuminaban o desaparecían. Los movimientos sociales progresistas, incluido el sindicalismo, y el tejido asociativo solidario siguen teniendo una composición mixta o interclasista, con personas procedentes de clases medias, capas trabajadoras cualificadas o estables y capas precarias, además de desempleadas, pero su expresión pública estaba muy fragmentada y diluida. Todo ello está cambiando.

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