Intervención en el Congreso sobre los Dialogos de Paz sobre el conflicto armado colombiano


Intervención en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso sobre los Dialogos de Paz en La Habana entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC

El señor NUET PUJALS: En primer lugar, quiero hacer un reconocimiento al Gobierno de Noruega y al Gobierno de la República de Cuba que se han convertido en verdaderos garantes en estos momentos de una mediación que evidentemente avanza a un ritmo de éxito y que esperemos que en los próximos meses puedan traernos la buena noticia de una resolución negociada del conflicto. Evidentemente, vivimos un momento histórico. Estamos ante el conflicto armado más antiguo de toda América Latina y por primera vez, después de muchos decenios de enfrentamiento, tiene los visos reales de ser resuelto. Nosotros, evidentemente, no apoyamos al Gobierno de Colombia, apoyamos el diálogo entre el Gobierno de Colombia y las organizaciones armadas que están en estos momentos negociando en La Habana, y por eso hemos firmado la proposición no de ley que hoy traemos a esta Comisión. A ello sin duda ha ayudado la división de la oligarquía colombiana más importante de los últimos decenios, como ha expresado el enfrentamiento profundo de dos modelos de sociedad, entre el presidente Santos y el expresidente Uribe, este expresidente cada día más cerca de sentarse en el banquillo por su vinculación a los grupos paramilitares y al narcotráfico colombiano. Por tanto, ha sido sin duda esa profunda división la que ha permitido que se inicie realmente un diálogo con los grupos armados con perspectiva de solución del conflicto.
Evidentemente, este diálogo está basado en varios aspectos que me gustaría destacar; en primer lugar, la plena participación política en Colombia, en estos momentos no garantizada. A lo largo de decenios, sindicalistas, activistas políticos, defensores de derechos humanos, campesinos han sido masacrados y asesinados por un poder paramilitar que en muchas ocasiones ha tenido vínculos profundos con la policía y con el ejército colombiano y, por tanto, no ha podido expresar de forma libre su opinión política, y sin duda esta participación política debe ser garantizada para aquellos grupos y sectores colombianos que hasta ahora no han podido desarrollarla. Por supuesto, la reparación de las víctimas. Se ha avanzado. Antes se ha citado ya -no voy a repetirlo- la ley de reparación sobre las víctimas, que por su número es una de las cifras que nos sorprenden. Finalmente todo el tema de la restitución de tierras y los desplazados, millones y millones de personas desplazadas en el marco de Colombia. Es un tema importante.
Después del posible acuerdo, una nueva Colombia puede empezar a andar, basada en los derechos humanos, la justicia social y la libertad política. Estas conversaciones, por tanto, son una buena noticia y sin duda tienen el voto favorable por parte de nuestro grupo parlamentario.

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