Podemos e Izquierda Unida, dos proyectos para un solo final

PODEMOS E IZQUIERDA UNIDA, DOS PROYECTOS PARA UN SOLO FINAL
Joan Josep Nuet i Pujals

Hace tres años y medio, en junio de 2012, la 6a Asamblea de Esquerra Unida i Alternativa desarrollaba con fuerza la idea de un Nuevo Espacio como concepto de nuevo instrumento político de ruptura y transformación. Con ello queríamos anunciar el inicio de un camino de suma cualitativa de componentes políticos y sociales que superaran sin destruirlas las experiencias acumuladas en los últimos 10 años de la Coalición entre Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) y Esquerra Unida i Alternativa (EUiA).

Evidentemente la apuesta era teórica pero después de una experiencia práctica positiva de años que mostraba su agotamiento, y hablábamos de ese nuevo proyecto con ilusión sin tener en cuenta, tal vez, que la realización concreta de los proyectos siempre presenta concreciones reales y aspectos imprevistos de su formulación inicial.

Cuando EUiA abordó el debate de las elecciones Europeas de 2014 ya lo hacía con ese debate hecho y por ello sabíamos que, o se abordaba una transformación de nuestros instrumentos políticos, o podría llegar el caso que con las herramientas con que contábamos y los métodos que utilizábamos, corríamos el peligro de no poder representar a todas las energías de cambio e indignación que la crisis estaba lanzando a la calle y a la nueva politización en España. Bajo ese punto de vista, Podemos no tenía que haber nacido, había liderazgos, fuerza e ideas para que la izquierda transformadora existente entendiera los mensajes y adaptase formas y fondo sin perder sus principios e historia revolucionaria. Ya sabemos que el resultado de las europeas marcó un ito y desde entonces nada ha sido igual en la política española.

De forma crítica cabe señalar que parte la la movilización y del activismo ha confiado ciegamente en el ciclo electoral (2014-2015) como factor de cambio y que ello ha provocado una clara reducción del flujo de conflictos. De forma crítica también cabe señalar que algunos de los debates políticos han apelado, en una situación de uso i abuso de nuevas y viejas formas comunicativas, al espectáculo televisivo y a la política consumo con hiperliderazgos de bajo contraste de proyecto y programa. De forma crítica hemos comprobado cómo después del susto inicial con la irrupción del 15M, la nueva política y las opciones reales de cambio electoral, el sistema ha contraatacado generando productos como C’s, capaces de penetrar en electorados cansados del bipartidismo, la corrupción y que pueden sorprender combinando el discurso de la regeneración democrática con el de la recreación de identidades contrapuestas a las que ha querido generar una parte del independentismo para borrar el debate sobre modelo social y eje izquierda-derecha.

Todo eso lo hemos comprobado y por tanto afirmar que el bipartidismo o sus muletas estaban muertos fue un exceso y un atrevimiento, aunque sigo pensando que está realmente herido. Hacer política con el uso excesivo de las encuestas y con las “expectativas” se ha comprobado que es arriesgado sobretodo cuando los mecanismos que domina el sistema para modular a la opinión pública son poderosos (medios de comunicación, instituciones nacionales e internacionales, líderes de opinión, etc.).

A pesar de todo ello, puede aún hecharse más madera al fuego, que Podemos e Izquierda Unida no hayan llegado al acuerdo de presentar listas conjuntas en toda España en las Elecciones Generales del 20D es, no una muy mala noticia, sino mucho peor. Evidentemente las dos fuerzas políticas plantean formas y estratégias políticas contradictorias a pesar de usar en ocasiones el mismo concepto de Unidad Popular para definirlas, pero eso no quita; 1. La necesidad objetiva de sumar electoralmente y la posibilidad programática objetiva de hacerlo en un porcentaje elevado, no del 100% claro. 2. Las posibilidades que ofrece la complejidad electoral para ordenar listas y acuerdos juridico-económicos que den seguridad y transparencia.

He asistido en mi experiencia a acuerdos entre verdes y comunistas o entre nacionalistas de izquierda y federalistas y afirmo que “gente” e “izquierda” no son incompatibles sobretodo cuando hay que definir no sólo programas sino también relato, discurso e imágenes. De momento la imagen de la división no cautiva a nadie. Los acuerdos no sólo son la letra, son también el espíritu con que se acude al encuentro, la perspectiva de hacia dónde se camina y yo preguntaría a los que se alegran del desencuentro entre Podemos e IU, ¿hacia dónde vais compañeros?.

Mi compromiso con el proyecto federal de Izquierda Unida sigue firme, por eso valoró la inteligencia del Consejo Político Federal y de Alberto Garzón cuando el pasado sábado 3 de Octubre reafirmaban su acuerdo con la estrategia de EUiA de mantener la confluencia que significa Catalunya sí que es pot, fuera cual fuera el desenlace del diálogo con Podemos.

Creo que el camino de EUiA no debe apartarse de la construcción del Nuevo Espacio y hoy en Catalunya creo que en esa dirección camina Catalunya sí que es pot. Sin duda estamos aprendiendo de los errores cometidos y muchas cosas pueden y deben mejorar (empezando por sumar actores políticos que no estuvieron el 27S), pero romper ese espacio no sólo significaría no avanzar, sino que representaría retroceder en lo positivo que aportó ICV-EUiA, volver al año 2000 hoy solo es una opción para descargar la rabia que sentimos cuando las cosas no suceden como habíamos esperado y los revolucionarios deben mantener la cabeza fría especialmente en los momentos difíciles.

No podemos convertir el 20D en nada más que en lo que espera la gente de nosotros, unidad, lucha y determinación para que la esperanza del cambio siga firme.

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